{"id":313,"date":"2009-01-26T09:19:37","date_gmt":"2009-01-26T07:19:37","guid":{"rendered":"http:\/\/enredandopalabras.es\/blog\/enredandopalabras\/2009\/01\/26\/tejiendo-historas-tres-hermanos\/"},"modified":"2009-01-27T22:14:14","modified_gmt":"2009-01-27T20:14:14","slug":"tejiendo-historas-tres-hermanos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/blog.enredandopalabras.es\/?p=313","title":{"rendered":"Tejiendo historas: Tres hermanos"},"content":{"rendered":"<p><object><embed src=\"http:\/\/enredandopalabras.es\/blog\/enredandopalabras\/wp-content\/uploads\/2009\/01\/gago.swf\"  width=\"425\" height=\"355\" loop=\"1\" quality=\"high\" pluginspage=\"http:\/\/www.adobe.com\/go\/getflashplayer\" type=\"application\/x-shockwave-flash\" menu=\"false\"><\/embed><\/object><\/p>\n<p>Mi abuela me cont\u00f3 su historia muchas veces, mas  no por repetida resultaba menos dolorosa. La historia triste y dram\u00e1tica de los Mart\u00edn Gago era la misma que la de otros espa\u00f1oles. Pero ella no se la call\u00f3, y me la cont\u00f3, para que yo supiera de d\u00f3nde ven\u00eda, cu\u00e1les eran mis or\u00edgenes, cu\u00e1l era mi herencia y mi pasado. Los Mart\u00edn, los Pe\u00f1a, como tantos otros.<\/p>\n<p>-\u00a1Carmen, ni\u00f1a! Estate quieta ya, que te vas a arrugar el vestido\u2026\u00a1Fernando! Avisa a tu hermano Rafael que tenemos prisa  y seguro que se ha escondido en alg\u00fan armario.<br \/>\n-Pero madre, si es que a m\u00ed no me gustan las fotos\u2026<br \/>\nHay que ver que ni\u00f1os m\u00e1s guapos tiene usted, se\u00f1ora. \u00a1Si es que da gusto fotografiarlos! S\u00ed, s\u00ed. Si guapos son un rato, pero \u201cjo\u00edos\u201d\u2026 Eso lo pensaba, pero no lo dec\u00eda, porque Mar\u00eda Gago era una andaluza muy graciosa, con ese fino humor y ese acento saleroso que se gastan los de la tierra del sol , de los naranjos en flor y del cante profundo, pero tambi\u00e9n era una se\u00f1ora, guapa, con clase, inteligente. Con esa inteligencia intuitiva de las mujeres de su \u00e9poca, a las que no se las preparaba para pensar, sino para cuidar a su familia. Y, total, para qu\u00e9 quieren saber, si para eso ya est\u00e1n sus maridos\u2026 Ella formaba parte de aquella clase media madrile\u00f1a que viv\u00eda holgadamente en aquellos d\u00edas tranquilos y felices del a\u00f1o 17, una clase media complaciente, conservadora y mon\u00e1rquica (aunque su padre, Pedro Gago, era un mas\u00f3n como la copa de un pino que fue marino y trabaj\u00f3 muchos a\u00f1os en las aduanas de diferentes puertos: en Huelva, en Sevilla, en M\u00e1laga, en Canarias\u2026) . Su marido, Atilano Mart\u00edn, era un hombre m\u00e1s serio, taciturno, un salmantino herm\u00e9tico que no supo resistirse al duende y al encanto de aquella joven que le sonre\u00eda en todo su esplendor desde un ventanal de Isla Cristina. Ella dej\u00f3 su mar para seguir al hombre que la amaba, pero pas\u00f3 toda su vida mirando al sur. Siempre que pod\u00eda viajaba, en aquellos interminables viajes que duraban d\u00edas, para ver a su gente, y oler a sal y a hierbabuena y a s\u00e1banas tendidas al sol del mar.<br \/>\nDespu\u00e9s de la guerra, cuando todo lo perdieron y su vida se limitaba a trabajar d\u00eda y noche para sobrevivir, y a rezar a sus dioses para que nada malo les ocurriera a los que m\u00e1s amaba (desaparecidos, heridos, hu\u00eddos y encarcelados) nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a su tierra. Cuentan en la famila que cantaba seguidillas, coplas y fandangos en el balc\u00f3n de su casa y cuantos por all\u00ed pasaban se paraban a escucharla&#8230; Tuvo una  educaci\u00f3n tradicional de corte liberal, y siempre simpatiz\u00f3 con las causas de los m\u00e1s humildes y sobre todo con la alfabetizaci\u00f3n y los derechos de las mujeres de todas las clases sociales, por los que luchaba tambi\u00e9n su hija, ahora ya una mujer.<br \/>\nDurante la guerra, en aquel Madrid de bombas y asedios,( y  al contrario que su marido, que decidi\u00f3 no hablarlos en un principio), apoy\u00f3 la labor de sus tres hijos a favor de la Rep\u00fablica: como teniente de estado mayor, el peque\u00f1o Rafita; como jefe de estaci\u00f3n en Arganda el mayor, Fernando; y como miliciana de cultura y enfermera ocasional, su ni\u00f1a Carmen.<br \/>\nAl llegar la posguerra soport\u00f3 con entereza el encarcelamiento de su marido ( por familiar de republicanos y desafecto al nuevo r\u00e9gimen en grado de consanguineidad), la desaparici\u00f3n de su hijo peque\u00f1o ( que consigui\u00f3 escapar de Albatera y cay\u00f3 muy enfermo), el encarcelamiento de su hijo mayor cuando intentaba reunirse con su esposa y su hijo en Cuenca, y el miedo continuo a que se llevaran a la \u00fanica hija que le quedaba, la que hab\u00eda renunciado a escapar hacia Inglaterra y luego a M\u00e9xico para no abandonarla a su suerte&#8230; (o a su desgracia). Soport\u00f3 largas colas, se trag\u00f3 su orgullo, empe\u00f1\u00f3 sus preciados recuerdos, herencia de una vida mejor, y junto a otras muchas mujeres an\u00f3nimas se dej\u00f3 la piel para localizar a sus hombres, y conseguir recomponer su familia herida y desgarrada para siempre.<br \/>\nPoco antes de morir, en la casa que compart\u00edan mi padre, mi abuela y ella en Cuatro Caminos, contaban  que se levant\u00f3 de la cama donde llevaba postrada varios meses, se dirigi\u00f3 a la ventana de su cuarto para intentar abrirla, y ante la pregunta angustiada  \u00ab\u00bfqu\u00e9 hace madre?\u00bb, con un brillo de ni\u00f1a ilusionada en sus ojos, respondi\u00f3: \u00abpues abrirlas, para poder ver el mar&#8230;\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mi abuela me cont\u00f3 su historia muchas veces, mas no por repetida resultaba menos dolorosa. La historia triste y dram\u00e1tica de los Mart\u00edn Gago era la misma que la de otros espa\u00f1oles. 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