No claudicar

Olvidar es claudicar, así que si olvidamos, claudicamos y  traicionamos uno de los principales legados de nuestros familiares asesinados y represaliados: la resistencia. Hubo muchas formas de resistir, unas más activas y otras más pasivas pero todas igual de válidas. Tan heroico fue jugarse la vida en los montes, soportar las torturas sin delatar a los camaradas, organizar reuniones clandestinas, tejer redes de solidaridad entre las familias de los presos republicanos, repartir octavillas y esconder a los perseguidos,al igual que  heroico fue algo tan sencillo como no olvidar, contar la historia familiar, transmitirla, rescatarla del silencio impuesto, nombrar a los que debían ser nombrados y tejer el imprescindible hilo de la memoria que el régimen se empeñaba en destruir. Mi abuela tuvo siempre una memoria fantástica, que le permitió ser la guardiana de nuestra historia familiar, una historia más de las millones de historias de los republicanos que perdieron su lucha titánica y desigual contra el fascismo. Gracias a ella yo pude comprender quién era y de dónde venía. Porque su resistencia contra el olvido nos salvó a todos, a los vivos  y a los muertos, y nos ayudó a no claudicar.

©Marisa Peña

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