La tumba

Hoy visité mi tumba. Aquel día hizo mucho frío y tú estabas allí, escondido tras un muro, vigilando mi sombra.
Un libro, una clave, un puente, un jardín… un sentido a tantos siglos vividos en vano. «Despierta y ven a mí», me dijiste en sueños. Y yo recorro el largo sendero de piedra que me lleva al círculo. Y allí me paro y pongo alerta mis sentidos: olores del pasado me invaden (las flores de aquel viejo balcón parisino), voces de otras mañanas como ésta, con las manos llenas de ternura y mariposas blancas en mi pelo.
Oscuras palomas escaparon de mi pecho, las azucenas se tiñeron de olvido, y ya nadie pudo hacer nada…Una profunda noche habitó en mis ojos y me dejé llevar.
Ahora recibo tus lágrimas como la tierra recibe la lluvia bienhechora , y me dejo envolver por la fría oscuridad.

8 opiniones en “La tumba”

  1. No estamos solos…

    «Hoy no recuerdo lo que ayer pasó
    En la madrugada olvido lo de la tarde anterior
    En los días blancos extravío el fuego
    Y en las noches ya no evoco los días.
    Pero, ante la muerte, en la hora decisiva,
    Todos los días, y noches nos pasan por la mente
    Y entonces ,-en el bochorno, en la estrechez-
    Es sumamente doloroso soñar
    En todo lo hermoso que se fue.
    Deseas levantarte y no puedes
    Es de noche.»

    3 de febrero de 1909
    Aleksandr Blok

  2. Tú también tienes que proyectarte, Marisa: enredando palabras hasta que formen un libro. Otro libro que sea todo tuyo, de historias, de una historia. Tú tienes el don de la palabra, y de la narración, pues tira de él: que no se quede en estos retazos donde siembras tus sentimientos. ¡Queremos más: una novela!
    besos

  3. Miedo, inseguridad, no saber a qué puerta llamar y pánico a que te cierren aquellas a las que llamas. Estos son los principales enemigos que me cercan y me desaniman. Y en eso estamos…

  4. ¡Hoy visité mi tumba!
    Ay, los que vigilamos… Hay algo en nuestro mar de palabras que nos hace vigilantes de las emociones de los otros, que nos prestamos sin tasas de interés… El mar que está lleno porque todos lloramos, cual más cual menos, lejos de la binaventuranza, sin esperanza, erguidos en un signo.

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