El llanto de la Diosa

La Diosa fue exiliada del corazón del hombre. Desterrada, relegada, prohibida, tuvo que refugiarse del odio y la mentira en lejanos desiertos, en bosques apartados. Dijo adiós a los templos y recintos sagrados donde era sabiamente venerada, y grabó su dolor en las piedras calizas y las grutas oscuras, mientras sus bellos nombres se borraban, envueltos por la niebla de la herejía y la superstición.
Vagó durante siglos cubierta de tristeza, y su antiguo legado milenario se vistió de ropajes que ella no comprendía. Habitó en las leyendas, se escondió en los relatos populares, en los cuentos de hogar y leña seca, o en romances y cantos de juglares y bardos.
Sin ella era imposible descifrar el enigma, completar el círculo sagrado. El llanto de la diosa se hizo lluvia de invierno, y se mimetizó en los manantiales.
Ahora duerme a la espera de otros tiempos. Pero cuentan que, a veces, se desliza en nuestros sueños o en nuestros delirios para recitarnos sus viejos salmos olvidados. Y sentimos sus lágrimas, (suaves como amapolas deshojadas, tibias como un aliento amado), resbalando, sin pudor, por nuestro rostro…

4 opiniones en “El llanto de la Diosa”

  1. Tal vez la Diosa busque personas «especiales» a las que susurrar su historia, y con el suave soplo de su aliento transmitir ese aura que hace de algunas personas seres especiales.

    Tal vez, hayamos dado con una… sinceramente, cada día lo creo más.

    Un fuerte abrazo.

  2. Tus palabras me emocionan sinceramente. A veces, además del llanto triste de la diosa también se escuchan las voces amigas que nos hacen sonreir… Gracias como siempre por tu visita y tus palabras.

  3. Que eres especial lo sabemos muy bien los que te conocemos. Tu sensibilidad, tu defensa de las utopías, de los olvidados, de los vencidos, tu tenacidad, tu enorme capacidad de trabajo.
    Todo eso aderezado con tu buen humor, tu sonrisa y la amabilidad y «duende» que derrochas incluso con quien no lo merece.¡En eso te pareces mucho a tu abuelo! Aunque también
    tienes la fuerza y la firmeza de ánimo de tu abuela. Me gusta tu estilo, y no te rindas por muy poco propicios que vengan los vientos…

  4. Gracias por tus palabras. Siempre vienes cuando flaqueo. No me rindo pero dudo, zozobro, me derrumbo… En fin lo normal. Si tú sabes ver tantas cosas buenas en mí será por algo. Mil gracias de nuevo por seguir leyendo mis textos.

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