Las huellas


Con dolorido cuidado,
desgrado, pena y dolor,
parto yo, triste amador
d’amores desamparado,
d’amores, que no d’amor.

Y el corazón enemigo
de lo que mi vida quiere,
ni halla vida, ni muere,
ni queda, ni va conmigo:
sin ventura, desdichado,
sin consuelo, sin favor,
parto yo triste amador,
d’amores desamparado,
d’amores, que no d’amor.


Jorge Manrique

Amor, amor
que estoy herido.
Herido de amor huido,
herido,
muerto de amor.
Decid a todos que ha sido
el ruiseñor.
Bisturí de cuatro filos,
garganta rota y olvido.
Cógeme la mano, amor,
que vengo muy mal herido,
herido de amor huido,
¡herido!
¡Muerto de amor!

Lorca

Cinco siglos separan estos textos. Cinco siglos de tradición y renovación, de antiguas fuentes en las que beber y nuevas sendas que recorrer. Las huellas que van dejando a su paso los escritores enriquecen el panorama literario. Cada nuevo autor aporta algo propio, y se apropia asimismo de lo que otros dejaron: temas, motivos, formas, estructuras, palabras…
Compartimos un valioso patrimonio artístico e idiomático que se remonta a los albores de nuestra lengua (aquel «román paladino») e incluso más allá, en algunos aspectos que trascienden las lenguas.
Escribir es recorrer una senda ya andada: la senda de los clásicos, la del medievo, la de los siglos áureos, la de los clasicistas, la del Romanticismo, la de los realistas, la de los finiseculares, la de los vanguardistas, la del 27, la de los escritores de posguerra, la de los nuevos realistas, o la de los experimentalistas… Siempre hay alguien que se miró en la fuente que ahora contemplamos. Pero cada poema, cada texto, cada historia, es una nueva versión irrepetible que tal vez nadie lea, o lea todo el mundo, o tan sólo unos pocos… ¡Y qué importa! La literatura no sabe de estadísticas, de eso ya se preocupan los que han hecho de ella un negocio y deciden considerarla rentable o no rentable, al margen de su calidad o su belleza. La buena literatura siempre se abre paso (aunque tengan que pasar siglos para que así sea…)
Manrique alimentó su ingenio con la tradición trovadoresca, y Lorca, a su vez, siguió también las huellas de Manrique y de los que le retomaron. ¿Y, a caso, eso le resta calidad y belleza?
La memoria literaria es un largo y caudaloso río que se nutre de todos los que hasta ella llegan, vengan de donde vengan o vayan a donde vayan. Siempre habrá lectores, y estudiosos y críticos, que se acercarán a las obras desde diferentes perspectivas. A mí, personalmente, me gusta rastrear las huellas de los que nos precedieron y contemplar como un hilo invisible nos une a ellos… Me gustan los escritores que innovan sin temor ni desprecio por la tradición. Porque, al fin y al cabo, tal vez todo se reduce a «tres heridas: la del amor, la del muerte, la de la vida».

11 opiniones en “Las huellas”

  1. Que bonita reseña. Cuanta razón en las tres heridas, que por orden yo pondría: amor, vida y la última, por ser la menos dolorosa de todas (para el que la sufre) la propia muerte.

    Y cuanta razón, tienes «la literatura no sabe de estadísticas»… que tristeza vivir en un mundo en el que hemos perdido nuestra humanidad, nos hemos convertido en tristes números. Cifras sin alma, sin espíritu, convertidos en meros autómatas.

    Por eso, la herida de la muerte sea la menos dolorosa, la más liberadora de todas las heridas.

    Gracias por estas reseñas que son un aire fresco, en estos tiempos en los que nos toca «habitar», que no «vivir».

    Un fuerte abrazo.

  2. Gracias a ti por venir a leerlas. Ya sabes que para mí la literatura es el oxígeno que me hace respirar cada día. Compartir mis afinidades literarias, los pequeños tesoros que me gustan, es un placer. La literatura es patrimonio de todos. Todos los espíritus libres, ansiosos de saber y volar alto tienen el derecho de acercarse a ella y disfrutarla. Me alegra, como siempre tu visita y tus palabras.

  3. Ese hilo invisible que describe tan perfectamente Cernuda en su poema «A un poeta futuro»:
    «Yo sé que sentirás mi voz llegarte,
    No de la letra vieja, mas del fondo
    Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre
    Que tu dominarás. Escúchame y comprende.
    En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,
    Y entonces en ti mismo mis sueños y deseos
    Tendrán razón al fin, y habré vivido».

    Como siempre, tu entrada cálida y acertada. Saludos.

  4. Adoro ese poema. Cernuda es un claro ejemplo de como se pueden unir tradición y modernidad. Cogemos lo que nos entregan y con ello, hacemos algo nuevo. Pasamos la antorcha de la cultura y la palabra. Gracias Daniel por tus también acertadas palabras.

  5. Cuanto tiempo sin leer algo de Lorca, un poeta matado injustamente (como otros muchos), solo por pensar de otra manera y además por ser homosexual. Muy chuli la entrada.
    Bss

  6. Lorca fue uno de los grandes de nuestra literatura.Abrió nuevos caminos pero nunca renunció a la tradición poética anterior. Su sensibilidad y su creatividad son un tesoro literario, y su recuerdo es siempre «una brisa triste por los olivos»…

  7. Entre muchos escritores ha estado demoda el desprecio a los clásicos, a la tradición, a lo «popular» frente a lo críptico o elitista. Lorca es un claro ejemplo de estupenda resolución de ese absurdo enfrentamiento entre tradición y modernidad. Me gusta esta reflexión. Y me gusta tu forma de acercarte al «hecho literario»… Besos

  8. Sabes que siempre he defendido la síntesis entre lo que heredamos y lo que aportamos. Para romper con lo anterior hay que conocerlo bien y no tiene sentido la ruptura con aquello que es bello, hermoso, enriquecedor. Hay que abrir ventanas pero sin cerrar puertas… Un abrazo

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