El derecho a la memoria

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Foto familiar: mi abuela Carmen, mi tío Rafael y sus padres en el domicilio familiar. Año 1942.

Vivimos en un país donde tener memoria es síntoma de rencor, y donde pasar página y enterrar el pasado es la actitud general que se ha venido propiciando desde todos los ámbitos: político, social y familiar. A pesar de todo hay quien se niega a olvidar por diferentes motivos: por lealtad a la verdad histórica, por lealtad a sus familiares represaliados, por lealtad a los valores universales de justicia y reparación… Muchas pueden ser las razones que nos llevan a muchos ( hijos y nietos de republicanos, historiadores, escritores, intelectuales) a empeñarnos en rescatar la historia de una ignominia que duró nada menos que cuatro décadas. Las voces amuralladas durante aquella etapa nunca fueron escuchadas como realmente se merecían. Para ellos no hubo mausoleos, ni calles, ni estatuas. Como garantía de lo que ellos creían un futuro en paz y libertad para sus nietos, decidieron callar y no pedir justicia.
Les arrebataron el último de sus derechos: el derecho a la memoria.
Es por eso que yo creo firmemente en la necesidad de reivindicar ese derecho. Y lo haré , aunque nadie me escuche, aunque mi voz sea sólo la ceniza, aunque me quede sola gritando en un desierto , entre dunas de sal y de silencio. No callaré, no abandonaré mientras su recuerdo, su legado, su utopía, formen parte de mí. Nada espero, porque ellos, al final, ya nada esperaban. Aquí dejo mi voz,mis palabras de humo y piedra, y mi profundo amor, que es lo que , en el fondo, alimenta la memoria y el recuerdo de los que ya no están.
Dibujando la memoria

12 opiniones en “El derecho a la memoria”

  1. Sobrecogedor. No podia ser dicho con mejores imágenes y palabras. Las «voces amuralladas»,calladas de una manera injusta, aterradora, tienen que ser escuchadas. Y esta es una forma preciosa de que se haga: con las duras imágenes de Kalvellido, con tus palabras de humo y piedra… Mucho besos, Marisa.

  2. Derecho a la memoria y a la justicia y sobre todo derecho a decidir nuestro futuro. Actualmente el estado español niega lo anterior. Solo plumas como la tuya mantiene vivo la justicia historica. Que siga escribiendo.
    Un Saludo

  3. Y aquí estaremos, siempre junto a tu memoria, también desde esta Argentina en donde algunos propugnan un vergonzoso olvido en nombre del futuro.
    Llenaremos, entonces, de historias la memoria que nos han querido arrancar, porque basta que alguien quiera luchar contra el olvido, para que otros acerquen el oído y el corazón, sabiendo que la memoria es la forma más visible y concreta de la vida que trasciende a la vida. Un gran abrazo, querida compañera de camino.

  4. Debes hacerlo, debes reivindicar ese derecho, y seguro que muchos te escucharán y tu voz no será sólo ceniza. Y lo más importante, tú lo has intentado y has dejado patente tu amor a todos los que fueron injustamente tratados.
    Un fuerte abrazo, Marisa.

  5. Gracias a todos:Marian, Edu, Jose Miguel,Alejandro, Irene…por estar aquí conmigo y con mis memorias… gracias por pararos a leer, por escuchar mi voz y compartir conmigo vuestras emociones.Un abrazo enorme.

  6. Que hermoso, tu resuelta determinación en mantener vivos a los que no tuvieron posibilidades de sentirse asi, aun y cuando ya no esten contigo, me deja sin palabras. Eres una mujer imprescindible en esta lucha por el amor, por la justicia de los olvidados y por tu hermoso país, que nos legó entre muchas cosas, la palabra. Un beso, desde mi corazón

  7. Muchas gracias Jaud, significa mucho para mí que te haya gustado.

    Bel, gracias por estar aquí.Es un tema doloroso pero , a mí, me duele más el silencio que recae sobre él…

    Abrazos fuertes a los dos.

  8. ¿Sabés de qué nos acusan acá?
    De tener los ojos en la nuca.
    Y yo hago esfuerzos, mirá que hago esfuerzos para poner los ojos en la frente pero igual los sigo viendo a los amigos, casi niños, martirizados y barridos por la estupidez asesina que nos robó más de una década de vida a los que quedamos. No puedo olvidarme de sus nombres ni de sus caras. El día que me olvide, me habrán matado a mí también.

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