De Nanas, memoria y centenarios…

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En el colegio de Pablo, mi hijo, celebran el centenario de Miguel Hernández. Todo orgulloso le cuenta a su abuelo, mi padre, que Miguel Hernández le escribió a su hijo las » Nanas de la cebolla» mientras estaba en la cárcel. Mi padre, su abuelo, dejándose llevar por el entusiasmo del nieto, coge un libro de pastas blancas y le dice en tono de camaradería y confidencia: » Mira, a mí mi padre también me dedicó poemas desde la cárcel.«Nanas del hijo ausente», toma lee». El hombre y el niño, salvando los muchos años que les separan, comparten, por un momento, el sagrado misterio de la poesía. Entonces mi hijo, su nieto, que sólo tiene ocho años, se pone muy serio y añade:» menos mal que tú has sido bueno y no has tenido que ir a la cárcel para escribirle nanas a mamá». El abuelo, mi padre, balbucea una escusa y deja un momento a su nieto, mi hijo, con su libro, Miguel Hernández para niños, abierto entre las rodillas.

Hace mucho, mucho, que no veía llorar a mi padre. Mientras él llora su dolor de hijo ausente, yo me acerco sin miedo a su nieto, mi hijo, y le dejo que me pregunte. «A la cárcel van los malos, mamá, los que cometen delitos». Él siempre tan redicho, en la profunda seriedad de sus recién estrenados ocho años. «No hijo, no siempre…» Y entonces me dispongo a contarle que hubo un tiempo de horror y venganza, donde los hombres como Miguel Hernández, y como su bisabuelo Manuel, iban a la cárcel por otras razones: por ser leales a sus ideas, por no claudicar, por no permitir que su palabra se tergiversara, por ayudar a otros como ellos a difundir ideas que ahora son muy normales, por querer que sus nietos y los hijos de sus nietos vivieran con dignidad, justicia y trabajo. Hablamos de las dictaduras, de los años grises, de los juicios injustos y las condenas revanchistas.Se lo cuento todo con lenguaje sencillo, con ejemplos cercanos a su mundo infantil. La guerra de las galaxias le ha servido muy bien para entenderlo todo. Miguel Hernández no fue sólo un poeta, fue un hombre que pagó con la vida su férrea convicción de hombre del pueblo. Pudieron haber dicho sí al nuevo régimen, aceptar, claudicar….nadie se lo hubiera echado en cara: sobrevivir es un acto de profunda humanidad. Pero no lo hicieron. No querían ser héroes, ni mártires, pero eligieron el camino más duro. Y les escribieron nanas a sus hijos desde celdas frías y muros eternos. Y no pudieron restañar sus heridas viéndolos crecer al abrigo del fuego, en una España donde debieran haber cabido todos.

Las nuevas generaciones tienen el derecho y la obligación de saber la verdad , el por qué , y no escuchar incrédulos que M.Hernández murió en la cárcel, tuberculoso. Algo debió hacer, pensarán inocentes…( «Él se lo ha buscado» dicen que murmuró su padre al saber de su muerte). Mientras la duda anide en los ojos de los niños al escuchar historias como la de Miguel Hernández, o la de mi abuelo, aún nos quedará mucho por hacer, aunque a algunos les pese y les incomode. No callaremos más, no nos disculparemos más, no nos esconderemos más, no queremos más cajones cerrados, ni más historias olvidadas, ni más silencios.

Así que hoy hemos gritado al viento la historia del abuelo Manuel, que estuvo en la cárcel y fue un hombre digno, y bueno, y no hizo nunca nada de lo que sus descendientes debamos avergonzarnos; y la historia de Miguel Hernández Gilabert, miliciano republicano, comunista, poeta y hombre, al fin y al cabo, con sus grandezas y sus miserias, con sus miedos y sus decisiones. Y mi padre, su abuelo, ya no llorará más escondido en el baño, todo el dolor que le acompaña desde niño y que intenta superar , día a día , desde que, por primera vez, un lejano día de invierno de 1947, con tan sólo dos años, empezó a visitar los penales donde su padre se dejaba la vida y la esperanza.

Y les hemos rendido nuestro particular homenaje: leyendo sus poemas, hablando de sus ideales, y de cuánto hubieran disfrutado viendo a sus nietos y bisnietos yendo a la escuela,aprendiendo poemas y sintiéndose libres; y no teniendo miedo, ni vergüenza. Y les hemos dado las gracias por sus nanas, su compromiso y el amor que nos legaron en sus palabras. E invitamos a todos a unirse a este homenaje, desde la libertad y el derecho a expresar nuestras ideas y a desear un futuro mejor, ese derecho que una vez no fue y del que ahora ( aunque haya a quien le duela, nostálgico de un régimen donde vivió feliz y resguardado) gozamos todos.

20 opiniones en “De Nanas, memoria y centenarios…”

  1. Gracias amigo, esta entrada significa mucho para mí. Todos tenemos nuestra ideología, nuestra forma de pensar y relacionarnos con la sociedad, la economía, el poder, el estado, el individuo. Por encima de eso está la verdad y la justicia histórica. Uno no tiene que ser comunista en Francia, ni judio en Alemania, ni palestino en Israel para saber cuándo se han cometido injusticias de un modo organizado y premeditado, orquestadas desde un poder establecido , y encubiertas por los que las cometieron y los que no quisieron verlas. La represión a la que fueron sometidos muchos españoles durante muchas décadas están ahí, y yo no hablo de cualquier cosa, hablo de la vida, de la libertad, del futuro arrebatado para siempre. Y no sólo a ellos, «sufrirás tú y los tuyos, rojo de mierda; preferirás haber muerto como tus camaradas, así que levántate y escupe los pulmones, pero no dejes de caminar», esa frase se la dijeron a mi abuelo y forma parte de nuestra memoria familiar, pero es mucho más que eso. No es una anécdota, no es algo que alguien dice en caliente, fue una consigna dada y como mi abuelo hubo muchos que sufrieron esa humillación. También encontró buena gente, pero eso, por desgracia, es la anécdota.
    Gracias de nuevo por estar aquí y escuchar mi voz.

  2. Por fín tengo algo de tiempo para enredarme en tus palabrass! Nunca me cansare de leer tus historias familiares.
    Me siento identificada con esta historia, no hace mucho estaba viendo unas fotos con mi madre y vimos una foto de mi bisabuelo. Entonces mi madre me estuvo contando que le metieron 7 años en la carcel, por lo mismo que a tantos otros por pensar diferente, solo que mi bisabuelo en vez de escribir poemas hizo unas zapatos. Cuando salió (tuvo suerte, pudo salir) de la carcel se las regalo a mi abuela, y estos fueron las primeros zapatos que tuvo mi abuela.

    Muxoss bsitoss, me a encantado leerte otra vez.

  3. Qué cantidad de emociones me ha suscitado tu relato. La inocencia de los 8 años, el dolor de tu padre… qué triste…
    Yo no tengo ninguna nana de mi abuelo desde la cárcel porque se quedó por el camino… Sin embargo, en mi casa, el desgarro de aquel final se quedó sólo en el corazón de mi abuela… No tengo nana, pero tampoco tengo desgarro. Sólo un pequeño vacío y una enorme interrogación que no resolveré jamás. Un beso.

  4. todos o casi todos que ya tenemos nuestros añitos y que nos toco vivir bajo el yugo y las flechas de una dictadura demencial, falta de escrúpulos por la manipulación emotiva que nos sometian a diario en las aulas, hemos sido niños/as de las cebollas. tristes niños/as de las cebollas y niños/as yunteros. para los que más nos desconcertaba esa militancia de cara al sol y los yugos y flechas en el pátio de la escuela a las 8:50 en punto, obligados a alzar el brazo, siempre encontrabanos en cualquier recodo en el laberinto de nuestras mentes un reflejo de plena libertad. para la alumna coy de entonces, con cuatro palabras pilladas de «estraperlo» en la própia casa, en el bus, en el mercado, en los própios pasillos de la escuela etc, le bastaron para darse cuenta de que otro mundo podìa ser posible. que las caras ajadas de muchas de mis compañeras de clase no solo se debía a la falta de hierros y calcio, sino a la represión y ensañamiento que sobre sus cabezas perduraban desde la tercera generación atrás. una de esas niñas (que nunca olvidaré) me pasó un poema «vientos del pueblo» de Miguel Hernandez, doblado en mil plieges, con la advertencia » si te lo pillan te mataran igual que hicieron con mi abuelo y casi a toda mi familia en este mismo colegio, cuando no era colegio». cabe decir que no me atreví a contarselo a nadie. un año más tarde, contando con unos once o doce años, después de leerlo más de cien veces, tuve la insensatez de escribir un poema dedicado a la ciudad de Cartagena, que aún conservo, como una de mis más preciadas reliquias. aquella insesatez me hizo perder casi un año escolar, pues esa sí cayó en manos del director del colegio falangista él por antonomasia. pero me ocuparían vária páginas y aquí no tiene cabida. un saludo para todos los que hacen aunque sea un poquito, que este mundo sea cada día en lo posible más tolerante.

  5. Una historía conmovedora , mi abuelo también se quedó por el camino,en un monte, en una zanja o a saber donde…por defender una idea y una bandera, dejando además un hijo sin apellidos, y su vida y mi vida quedó marcada para siempre…Un besu !

  6. He sabido de la mano de los que cuentan los horrores del franquismo, y siempre me pesó la muerte de muchos, pero este relato tan cercano tuyo verdaderamente me conmueve. Desde este lado del mundo, y vínculados por el amor y la poseia, te abrazo. Marisa, gracias por estremecerme y confirmarme cual es el norte.

  7. Hola Marisa, venía a devolverte visita y me quedo sorprendido gratamente al ver tu espacio. He dado una pequeña vuelta por los rincones y compruebo tu calidad en los relatos, tu poesía, muchos lugares comunes con mi forma de entender la vida, así que habrá que volver despacio para saborear todo.

    Esta entrada de hoy me parece sencillamente genial, y no me voy a referir a la calidad literaria del relato, sino a su fondo. Personalmente soy partidario a a ultranza de la memoria histórica, y siempre que puedo la reivindico; considero que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla, y es básico que quienes no vivieron determinados hechos, que no se enseñan debidamente en los planes de estudio, los conozcan. A esto quiero añadir mi fascinanción por Miguel Hernández, que desubrí en los tiempos de la dictadura, cuando ni se nombraba, gracias a un profesor heterodoxo y revolucionario que nos enseñó sus poemas de memoria.

    Como verás, cuando me pongo a hablar me disparo, así que pido perdón por haberme alargado tanto y volveremos a lewernos.

  8. Emotivo homenaje Marisa, me uno a él desde lo más profundo de mi corazón y de mis ideas; estoy seguro de que tu hijo, después de tu explicación, lo habrá entendido todo y nunca olvidará que tuvo un bisabuelo de lealtad e integridad intachables.

    En cuanto a Miguel Hernández… es uno de mis poetas preferidos… cuando leo sus versos, mi corazón se identifica con ellos, y late y pulsa al ritmo de los mismos sentimientos.

    Un grandísimo abrazo para ti, para tu hijo, para tu padre y una lágrima en el fondo de mis ojos por los que ya no están… en su memoria y por su memoria siempre.

  9. Gracias a todos por acompañarme en esta pequeña reflexión, en este homenaje a los que tanto perdieron y tanto siguen perdiendo.Doy la bienvenida a todos los que venís por primera vez y espero sigamos leyéndonos y compartiendo puntos de vista y formas de entender el mundo.Un enorme abrazo para todos, y mil gracias por vuestro tiempo, ese que le habéis dedicado a mi rincón…

  10. Una historia enternecedora, entreñable.
    Hoy más que nunca se necesita la voz de todas aquellas familias, de toodas aquellas personas que seguimos luchando por la liberdad y la verdad, historias cercanas que nos recuerden cada día que somos humanos, que tenemos sentimientos y que a pesar del empeño que ponen muchos en ocultar la verdad y la justicia, no podemos, no debemos permitir que los fascistas sigan gobernando este país, es una obligación moral el no olvidar a todas aquellas personas que dieron su vida, que fueron asesinas en nombre de no se sabe que libertad o sí la de los privilegios, la de la exclavitud, la de la sumisión, gracias por este recuerdo permanente, quien pierde la memoria pierde la capacidad de amar, la capacidad de luchar por la libertad y la igualdad, en definitiva por los derechos humanos.

  11. Muchas gracias a todos los que habéis leído, los que me comentáis o enlazáis.Gracias por emocionaros conmigo y por venir a compartir mi historia.Un fuerte abrazo

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