En fin, literatura… Apuntes sobre el hecho literario

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«En fin, literatura…» J. Cortázar.

Los buenos poemas no son nunca de usar y tirar.Se pueden leer y releer muchas veces, y en cada una de ellas nos volvemos a emocionar, a sorprender a inquietar. Una buena pieza literaria, musical, pictórica o cinematográfica no cansa nunca, se regresa a ella tantas veces como se desee o se necesite y en ella, siempre , encontraremos lo que habíamos ido a buscar:la calma, la tristeza, el compromiso, la risa, la nostalgia, el desasosiego, la comprensión, la verdad, el conocimiento, la belleza… Cada autor , y cada obra, tienen su público. Ni siquiera los grandes, los consagrados, se libran de tener detractores. Yo he tenido largas discusiones con compañeros de carrera o de profesión, que, aun siendo filólogos o precisamente por ello, odiaban la POESÍA, o despreciaban a tal o cual poeta o narrador de renombre, o no podían soportar tal o cual obra relevante. La literatura es siempre apasionante, y si no lo es, tal vez no merezca llamarse literatura. Un texto es un entramado de palabras que cobra vida en cada lectura y que sugiere , a cada lector, múltiples significados.En la ambigüedad y la polisemia reside la riqueza de un fruto literario.
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La literatura no son sólo palabras bien engarzadas y correctamente seleccionadas ( lo cual también es imprescindible ), por mucho que algunos estructuralistas se hayan empeñado en lo contrario. Un texto literario no es sólo un armazón bien construido, al igual que un hogar no es sólo un perfecto entramado de vigas, tuberías, cimientos y techados. La literatura tiene alma, en ella laten las ideas del autor, su particular forma de relacionarse con el mundo, sus miedos, sus obsesiones, sus filias y sus fobias. Para que un escritor nos conmueva, nos remueva, se quede para siempre con nosotros, viva en nuestra memoria y forme parte de lo que realmente somos, no vale con que escriba bien, con que domine la técnica y conozca los preceptos genéricos o los recursos lingüísticos, tiene que emocionarnos, conmocionarnos, dejar en nosotros una profunda huella. Tiene que despertarnos, que desordenarnos, que dejarnos exhaustos, embriagados, impactados. ¿Comunicación? ¿Conocimiento? ¿Belleza? . La buena literatura es todo eso y mucho más: es la que nos acompaña en nuestra formación y nos enriquece, la que nos acoge en los destierros y nos consuela en la derrotas, la que nos adormece en los insomnios y nos reconforta en los naufragios.

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