A mi abuela, que me enseñó el valor de la palabra…
La pequeña escritora lloró. Se había cansado de emborronar las hojas tristes de su cuaderno para que nadie las leyera. ¡Nunca más volvería a escribir! Era una decisión irrevocable, (o casi…). Así se lo anunció a su madre mientras ésta, que pelaba patatas en la cocina con aire distraído, asentía con gravedad fingida a sus preguntas. «Pero cariño,-le dijo suavemente– por mucho que te empeñes, tú nunca podras dejar de escribir». » ¿Y tú por qué lo sabes?»- preguntó la pequeña con tono retador. La madre la miró- con esa mirada que sólo saben poner las madres y que despeja todas nuestras posibles dudas y hace que se evaporen nuestros profundos miedos- y dijo con su voz de madre sabia: «Porque tú, pequeña mía, naciste con el don de la palabra.» » ¿Y eso es malo mamá?» » Bueno, como todos los dones tiene su parte buena y su parte mala. Lo que sí sé es que no puedes renunciar a él porque forma parte de lo que tú eres.»
Pasaron los años, y a pesar de que a veces le fallaron las fuerzas y quiso abandonar su vocación de escribir; a pesar de que durante largos períodos de tiempo atravesó desiertos de inactividad creadora y caminó sin rumbo por los páramos de la desilusión ; a pesar de que el silencio fue durante años la única respuesta; a pesar de que todo parecía ponerse en contra, ella siguió andando con sus manos vacías y su viejo cuaderno lleno de palabras.
Los vientos soplaron y agitaron con fuerza su nave hasta hacerla zozobrar. Gritó fuerte: « ¡Miradme! ¡Escuchadme! ¡Estoy aquí! ¿Es que nadie puede pararse un momento?»
Aprendió a no esperar nada de los rostros grises que poblaban el mundo; a no buscar el éxito, sino la satisfacción y la autenticidad; y a contestar siempre lo mismo, cuando aquellos que se empeñaban en ningunearla le preguntaban por qué seguía llenando incansablemente las gastadas hojas de su cuaderno : «Es que yo, tengo el don de la palabra…»
Asà es, uno nace con un don y no cabe renunciar a él. Da lo mismo que otros se hagan conscientes o no de este don, lo que importa es alimentarlo y asà sentirse feliz cumpliendo con la obligación de crecer y enriquecer a los demás.
Un buen post.
Un saludo
A una le gustarÃa tener ese don para poder contar ,para saber transmitir un sentimiento, una sensación un aroma..sin duda un bonito don.
Besos!
Es hermoso sin duda tener el don de la palabra, saber manejarlas para crear textos que nos llegan a los lectores. Y no hay la menor duda, tu tienes ese don. Gracias por compartirlo.
Saludos.
Luis, es hermoso eso que dices de crecer y enriquecer.Es lo que más me gusta de escribir, como mejoro dÃa a dÃa, con lo que otros me aportáis y con lo que averiguo de mà misma.Un abrazo
Sà dafne…mi abuela lo tenÃa.Mi abuelo también.Poder transmitir lo que sentimos y lo que pensamos a otros, hacerles partÃcipes de nuestras penas y nuestras alegrÃas, emocionar, ilusionar, divertir…¡es mágico, la verdad!
Un beso enorme
Ay Ernesto, no sé.A veces dudo…lo que sà sé es que, cuando no escribo, me apago, me marchito, algo de mà se seca y se adormece.Gracias por estar aquÃ, por regalarme ese aliento tan necesario para continuar.
un abrazo enorme
Sin duda uno de los mejores dones que puedes tener, porque mira que es dificil dar con las palabras adecuadas para expresarte bien, pues tu siempre das con ellas. Es un don que nunca tienes que desaprobechar, porque vale muxo, igual que tu.
Muxisiimoss bss.